13 junio 2011


Cuando recibes mis tripas, calientes, pegajosas.
Y se retuerce el corazón, esto y aquello.
Cuando me clavas los despojos y esa libertad tibia.
Me vuelvo lechosa, la carne se vuelve carne, la mano precisa.

Cuando se encienden, ellos, tan lejos de ser nuestros.
Deseos convexos de tristes sustituciones.
Cuando se moviliza la conciencia,
Retorno insufrible de amaneceres perdidos.

Como sin saberlo,
Como queriendo saber,
Quedan ancladas las huellas de un alfiler latente.

26 marzo 2011


Se siente más liviano, algo si como un beso desinteresado pero a la persona precisa.
No es que la aspereza en mis manos haya desaparecido, es más bien un soplo, una bocanada de aire tibio, casi a punto de llover.
Pero la lluvia, esta vez, no inunda mi habitación. Soy espectador y puedo disfrutar de mi cuerpo tumbado y del olor olvidado.
No anhelo victorias tempranas o incompletas. La reconstrucción incorpora cada yaga, cada paso en falso. Y que largo y que lento se hace cada compás.

Sólo espero que el movimiento de mis muñecas sea hermoso cuando baile.

¿Habrá valido la pena? ¿La veré, al fin, a Ella?
Alguien me dice que el cuerpo tiene memoria.








* Foto x: Valentina Bravo

06 marzo 2011

De: La Soledad de los Números Primos

Despertaba con la cabeza llena de pensamientos incoherentes. No se levantaba hasta que no había más remedio y la confusión de su mente empezaba a disiparse, no sin dejarle una niebla lechosa, recuerdos de sueños interrumpidos que se mezclaban con los reales y no parecían menos verdaderos. Entonces erraba por el apartamento silencioso como fantasma de sí misma en lenta búsqueda de lucidez. Me estoy volviendo loca, pensaba a veces. Pero no le importaba. Al contrario, sonreía satisfecha, porque por fin elegía ella.

28 febrero 2011

Fondo

Por más que aspiraba hondo no podía sentir el humo en mi garganta.
Son tan pocas las cosas que hoy puedo sentir. Mi cuerpo aguanta, mis pulmones, mi hígado, mi conducto nasal.
Me he abandonado y en el trayecto perdí mi pertenecia y mi dirección. Me han borrado de las guías telefónicas, nadie sabe donde hallarme y mi pelo y mis uñas crecen.

He cambiado mi nombre por Soledad.

Todos aquellos ha quienes he creído amar los veo de espaldas o cabeza abajo, pero la torsión es mía, no me engaño.
Todos aman a sus parejas, respiran un aire que llena de mariposas azules sus pulmones y a mi me asfixia como consumida por un torbellino tóxico.
Todos aman a sus parejas y almuerzan festines orgánicos para conservar lo que sea que creen que conservan. Y lo logran.

Soy a la vez víctima y victimario.
¿El esclavo se siente más esclavo en presencia o no de su amo?
Si mi ropa no me queda, si mi espejo me ha anulado, si la música que escucho jamás la elegí, ¿soy aún yo?

En un lugar que hoy me cuesta nombrar, cedo mis rodillas y me pongo a andar.

21 diciembre 2010

Des-conociéndonos

Que tu lengua dibuje mis rincones olvidados,
Que las cenizas de la mañana dejen de arder en mi boca,
Que tu aliento perfecto lleve mi cuerpo casi volando.
No es sólo el mío el que tiembla, son 2 cuerpos tiritando en la penumbra y tus manos largas y arqueadas las que darán la luz para saber que no me pierdo.
Café con leche, color miel, aquel color de oro que te nombra con singularidad, como advirtiéndome que es lo único que reconozco.
No tengo acceso a tus entrañas ni menos a los recuerdos cosidos, que otros senos han dejado sobre tu espalda.
Sin embargo puedo escribirte, pensar que desciendes por mi mente hasta posarte y asumir como propios mis pensamientos oscuros, como petróleo azulado.
Deséame a mí y a ella y a ella también.
Porque verás, no soy una sola, ya que en mi cuerpo habitan extrañas sombras con anuncios indescriptibles.
Querrás correr, saltar sobre mi pelo y morderlo a pedacitos.
Maldecirme será amable, el confort llegará como siempre, luego de la sangre vomitada.
Querrás tenerme, que en juramentos obligue a mi palabra a pronunciarse.
Poseerme incluye embriagarte, con los fantasmas que persiguen mi curso, con los demonios danzantes que dejaron de bailar.
Pero será un despertar, no el mío, sino el nuestro. No seremos tomados como presas sin conciencia y el renacer será mutuo, esta vez sí, eligiéndonos.

06 diciembre 2010

Si la sangre rotara

Debo, si me disculpan, hacer una intervención...encontré este texto en la sección de "A escribe" de mis documentos. En aquella carpeta nunca encontraré nada que no sea escrito por A. Pero esta vez dudo, nosé si por que fue de aquellas catarsis en que la conciencia se vuelca para entregarse a la creación o realmente me he vuelto ladrona de palabras ajenas. El que me tiene cerca reconocerá sellos, pequeñas luces que parecen nombrarme en el texto y sin duda me interpela, lo cual me hace confiar aún más,que lo he escrito yo. Sin embargo si alguien aparece en su reclamo y defendiendo su autoría, resignada lo entregaré y dejaremos su firma en este espacio vicioso.





Si la sangre rotara, para darse cuenta que al otro lado tiene una vertiente donde beber.
Si mis huellas dejaran de aparecer ante mis pasos, no las alcanzo, tengo que acelerar mi pecho tan fuertemente que mi carne se retrae y quiere dormir.
Uno dos, uno dos,
Enamorada empedernida, ausente y esquiva.
Encantamiento vital, me compongo para tragarlo todo y mi deseo de vaciarse queda herido.
No sé, la verdad no sé que se espera, las mismas negaciones una y otra vez, el silencio, la distancia, la falta de abismo y de cordura.
El pan en mi mesa es de hule y las grandes inversiones quedarán atoradas en la garganta de quien se las coma.
Arrepentimiento no es suficiente, porque no es cierto y porque la rotura quiere hacerse visible para sentirse digna. No encuentro nada que haga crecer mi pelo mientras duermo, no despierto con seis milagros en mi cama y no anhelo la inmediatez de tu amor.
Es el tren más largo al que jamás subí. Y creo que no para, que si no soy astuta y valiente no veré otro vagón, ni otra estación, como eternidad.
Creo desangrarme pero aún respiro,
Uno dos, uno dos,
Si no mantienes la cuenta te vas por el conducto de la muerte.
Me he equivocado tantas veces y ni siquiera he empezado a vivir, los sueños y las dimensiones en que vivo se burlan de lo Real de tu cuerpo y me quiebro una y otra vez en el “eterno resplandor de una mente sin recuerdo.”
¿Se podrá? ¿Vivir así? ¿Recortar a gusto y empapelar de floreado?
Mientras tanto yo me aseguro de que ese diván se cuele tan hondo que brote un suspiro, para hablar al fin, para persignarme cada mañana ante la sacudida infernal, ya no dolorosa, de mis sábanas.

24 septiembre 2010

En A.

Aquel diván. Aquel desprendimiento de esa parte de mí. La incomunicación y el exceso de contacto. A veces cuando mi cuerpo pide distancia y sólo piensa en escapar de ti. Cuando mi rostro de agota y deja caer como plumas muertas o añejas esas lágrimas de un sufrir alejado de mi infancia y tan propias que son capaz de dejarte tiritando, mareada, al borde de nacer o de la muerte.
Bella medusa que amenaza con volverse piedra. Por alcanzarlo o mantenerlo alejado de mí.
Sólo pienso en ti y la historia o los hechos me convencen de que miento otra vez. Pero cómo argumentar lo impropio, lo que no se atreve a dejarme en paz para entregar mis entrañas al ser más oscuro. Mi caparazón pone las garras a la distancia precisa y pide a gritos la cercanía. No fueron ellos antes y tampoco lo serán ahora. La continuidad en mi piel es algo escaso y riesgoso. No quiero encontrarme en el espejo con la mujer de cabellos caídos, ni pretendo encender tristes compensaciones al peso de sus caderas. Me retuerzo, me enfurezco porque nunca antes lo había hecho. Los pálpitos en mi cabeza van bajando poco a poco hasta mi vientre y en un ruego que no comprende pide libertad.
Mi lengua, mis manos, mis pies, de carne y hueso, huyendo de la agitación de mis pensamientos de amor y muerte. No quiero encontrar una vez más la decadencia, esa impostora que persigue mis pasos, casi anulándolos, aniquilándome.
Vuelve la gracia, Ana que escribe y erupta poesías para otros. ¿Para quienes? Para ellos.
Ya no tengo miedo, todo lo que pude haber perdido ya lo perdí. Me queda mi sonrisa dentada con colmillos de furia. Me queda la melancolía, la canción lenta, taciturna.
Solo puedo vislumbrar un camino de estrellas que anhela en convertirse mi acera.
Tal vez si alguien se acerca esta vez logre no morderlo hasta que sangre. Tal vez logre no comerme las uñas y devorarme a gotas.
Cuando escribo siempre lo hago para Otro, esta vez para ti. Pero escribo sin fin, sin concretar las ideas o las ganas y tal vez tampoco comienzo. No hay tiempo, me encuentro en el abismo entre el control y el sentido. Las luces que emano no son engaños de promesas vacías. La consistencia es algo a lo que me gusta jugar y que se vuelve sueño y se vuelve real. Siempre sabré que desde aquel lugar llegaré a algún punto, a ese sitio que se hace dulce y se hace amargo. Y no hay otro camino, la contradicción se ha vuelto esencia en mis cabellos y cortarlo para verlo crecer parece ser otro grito desesperado de mi caos. Caótica Ana. Lograré establecer ese fino lazo entre los sordos y me volveré un ser hablante. Con tu suspiro alargare mis brazos y me volveré espuma, para bañarte y bautizarte en las ágiles tinieblas en las que habito.