Debo, si me disculpan, hacer una intervención...encontré este texto en la sección de "A escribe" de mis documentos. En aquella carpeta nunca encontraré nada que no sea escrito por A. Pero esta vez dudo, nosé si por que fue de aquellas catarsis en que la conciencia se vuelca para entregarse a la creación o realmente me he vuelto ladrona de palabras ajenas. El que me tiene cerca reconocerá sellos, pequeñas luces que parecen nombrarme en el texto y sin duda me interpela, lo cual me hace confiar aún más,que lo he escrito yo. Sin embargo si alguien aparece en su reclamo y defendiendo su autoría, resignada lo entregaré y dejaremos su firma en este espacio vicioso.
Si la sangre rotara, para darse cuenta que al otro lado tiene una vertiente donde beber.
Si mis huellas dejaran de aparecer ante mis pasos, no las alcanzo, tengo que acelerar mi pecho tan fuertemente que mi carne se retrae y quiere dormir.
Uno dos, uno dos,
Enamorada empedernida, ausente y esquiva.
Encantamiento vital, me compongo para tragarlo todo y mi deseo de vaciarse queda herido.
No sé, la verdad no sé que se espera, las mismas negaciones una y otra vez, el silencio, la distancia, la falta de abismo y de cordura.
El pan en mi mesa es de hule y las grandes inversiones quedarán atoradas en la garganta de quien se las coma.
Arrepentimiento no es suficiente, porque no es cierto y porque la rotura quiere hacerse visible para sentirse digna. No encuentro nada que haga crecer mi pelo mientras duermo, no despierto con seis milagros en mi cama y no anhelo la inmediatez de tu amor.
Es el tren más largo al que jamás subí. Y creo que no para, que si no soy astuta y valiente no veré otro vagón, ni otra estación, como eternidad.
Creo desangrarme pero aún respiro,
Uno dos, uno dos,
Si no mantienes la cuenta te vas por el conducto de la muerte.
Me he equivocado tantas veces y ni siquiera he empezado a vivir, los sueños y las dimensiones en que vivo se burlan de lo Real de tu cuerpo y me quiebro una y otra vez en el “eterno resplandor de una mente sin recuerdo.”
¿Se podrá? ¿Vivir así? ¿Recortar a gusto y empapelar de floreado?
Mientras tanto yo me aseguro de que ese diván se cuele tan hondo que brote un suspiro, para hablar al fin, para persignarme cada mañana ante la sacudida infernal, ya no dolorosa, de mis sábanas.